Para que un ambiente virtual de aprendizaje tenga un “clima”
adecuado para los actores educativos se deben cuidar aspectos de:
Confianza. Es importante que los estudiantes e instructores tengan la suficiente
confianza en la calidad de los medios y los materiales que estarán utilizando en el
proceso de aprendizaje. Esto lo puede dar una estrecha relación con la institución
educativa a la cual pertenecen, “para evitar la angustia que sufren comúnmente
los estudiantes de [estas] modalidades”. 4
También se debe cuidar el sistema de
administración de aprendizaje que se elija para “soportar” los cursos, porque
problemáticas como no tener acceso a los materiales, o fallas constantemente en
el sistema y no recibir el apoyo técnico correspondiente, pueden despertar
desconfianza en los actores educativos.
Interacción. El ambiente siempre debe propiciar la relación entre los actores
educativos y entre la institución educativa, además de la interacción que se da a
través de las actividades de aprendizaje. El éxito de un AVA depende
fundamentalmente de la manera en que ha sido planeada la interacción,5
así
como de una buena moderación por parte del facilitador.
Accesibilidad. En ambientes saturados de información y tecnología, hay
estudiantes y profesores que pueden quedar relegados, confundidos y
angustiados. Por ello en un AVA no debe perderse de vista la accesibilidad de
quienes participan en el proceso de aprendizaje y considerar, en la medida de lo
posible, las condiciones culturales y económicas de los usuarios, así como el
acceso que tengan a los recursos tecnológicos.
“Hay que tener cuidado sobre todo con los sistemas demasiado centralizados y
homogéneos, que al manejar un solo esquema tecnológico dejan fuera a muchos
posibles participantes”.
Motivación. Ésta es imprescindible no sólo para minimizar la deserción, sino para
enriquecer el ambiente de aprendizaje. La motivación está dada principalmente
por el facilitador hacia su grupo con actividades y estrategias creativas y
atractivas, pero también con la armonía de los tres aspectos anteriores: la
confianza que da una institución educativa de calidad, el diálogo permanente con
los actores educativos y la institución, así como la accesibilidad (desde los
recursos hasta los trámites escolares), todos en conjunto son fundamentales para
conformar un “clima” adecuado para los estudiantes y facilitadores.
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